DIVANES, CAMAS Y OTRAS MÚSICAS...A VECES AROMÁTICAS...Y CURIOSAS

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Con esta formidable evocación se intenta aterrarnos. A todo cuanto podamos decir nosotros para fundamentar el progreso en el crisitanismo, replican ellos invariablemente diciendo: esto no es científico. Si hablamos de revelación, la revelación no es científica; si de milagros, no es científico el milagro.

Así pretende la impiedad, fiel a sus tradiciones, matarnos con el arma de la ciencia. Es principio de tinieblas y presume ser luz y promete iluminarnos Cien veces me pregunté qué viene a ser esa terrible ciencia que amenaza devorarnos. Pues también el catolicismo cuenta con físicos, astrónomos, fisiólogos y geólogos 2 que no desempeñan mal papel en el mundo científico, que tienen sillón en las academias y nombradía en la historia.

Por mucho que encomiéis la ciencia moderna y el pensamiento moderno y el genio moderno, lo cierto es que antes de había ya sabios.

Pero líbreme Dios de insistir en la demostración de que el misterio no contradice a la ciencia. Yo declaro resueltamente que la ciencia no puede eludir el misterio, porque el misterio es la fatalidad de la ciencia. Hasta ahora todo confirma esta ley que impera soberanamente en los dominios de la hipótesis y ha entrado en la categoría de axioma. Con toda mi alma rindo científico homenaje a la soberanía de la atracción y no seré yo quien intente eclipsar en el mundo de la materia una luz que se refleja en el del espíritu.

El imperio de la atracción es evidente; es soberano; nos da en rostro. Imaginad la ciencia que os plazca, seguid el majestuoso vuelo de sus inducciones y en cuanto lleguéis a sus orígenes os encontraréis frente a frente de lo desconocido 4. Entonces, suspendida sobre el abismo, la ciencia titubea, vacila, se turba y confunde y desesperadamente exclama: nada sé.

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La ciencia es comparable a un astro de brillante luz cuyos rayos atraviesan por entre una capa de negras y densas nubes. Basta la lógica para inferirlo así, aun prescindiendo de toda prueba experimental. Por lo tanto, no cabe negar, so culpa imperdonable de obstinación, la presencia entre nosotros de seres incorpóreos que en distintas épocas y países vieron no miles sino millones de personas, ni tampoco cabe achacar dichas apariciones a milagros, sin desbaratar los fundamentos de la ciencia. La ciencia niega la existencia del espíritu en el éter, al paso que la teología afirma la existencia de un Dios personal; pero los cabalistas sostienen que ni la ciencia ni la teología hablan con razón, sino que los elementos representan en el éter las fuerzas de la naturaleza y el espíritu es la inteligencia que las rige y gobierna.

El éter es el principio mental que todo lo vivifica; el caos es un principio fluídico sin forma ni sensiblidad. De la unión de ambos nace la primera divinidad andrógina cuyo cuerpo es la materia caótica y cuya alma es el éter 5. Así pues, nuestro universo estaba latente de toda eternidad, animado por el céntrico sol espiritual o Divinidad suprema.

Pero esta Divinidad suprema no plasmó su idea sino que la plasmó su primogénito 6. El adepto que se disponga a entrar en comunicación con los invisibles ha de conocer perfectamente el ritual y estar muy bien enterado de las condiciones requeridas por el equilibrio de los cuatro elementos de la luz astral. Ante todo ha de purificar la esencia y equilibrar los elementos en el círculo de omunicación, de modo que no puedan entrar allí los elementarios.

Ciertos seres necesitan la plena luz del sol y otros prefieren las penumbras crepusculares o las nocturnas sombras. Dice Görres que durante su permanencia entre los indígenas de la costa de Malbar, les preguntó si se les aparecían fantasmas, a lo que ellos respondieron: Sí se nos aparecen; pero sabemos que son espíritus malignos, pues los buenos sólo pueden aparecerse rarísimas veces. Porfirio relata algunos hechos repugnantes de autenticidad corroborada experimentalmente por los estudiantes de ocultismo. Los demonios malignos lo revuelven todo sin orden ni concierto.

En cuanto a las almas ordinarias se nos aparecen muy raramente.

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Es un dios inmortal, aunque ha nacido en cierto modo al mismo tiempo que el cuerpo en que habita. Por consiguiente, podemos decir que muere en el mismo sentido que decimos que nace. El alma nace en este mundo después de salir de otro mundo anima mundi en que tuvo precedente existencia. Así los dioses juzgan de su comportamiento en todas las fases de sus varias existencias y algunas veces la castigan por pecados Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor www.

Pero esta especie de muerte no aniquila al alma, sino que la transforma en larva, es decir, los manes o sombras llamados lares en quienes honramos a las divinidades protectoras de la familia cuando se mantienen en actitud benéfica; pero cuando sus crímenes los condenan a errar se convierten en larvas y son el azote de los malos y el vano terror de los buenos.

Tan explícitamente se expresa Apuleyo en este punto, que los reencarnacionistas apoyan en su autoridad la doctrina de que el hombre pasa por sucesivas existencias en este mundo hasta eliminar todas las escorias de su naturaleza inferior. Dice Apuleyo claramente que el hombre viene a este mundo procedente de otro cuyo recuerdo se ha borrado de su memoria.

La misma filosofía nos enseña que la naturaleza nunca deja nada imperfecto, y si fracasa en el primer intento, lo reitera hasta triunfar. Cuando se desenvuelve un embrión humano, el plan de la naturaleza es que produzca un hombre físico, intelectual y espiritualmente perfecto. El cuerpo ha de nacer, crecer y morir; la mente ha de educirse, robustecerse y equilibrarse; el espíritu ha de iluminar mente y cuerpo de modo que con él se identifiquen.

Todo er humano ha de recorrer el círculo de necesidad para llegar al término de su perfección.

CAPÍTULO II

LOS ARHATES Los indos temen sobremanera la transmigración y reencarnación en formas inferiores, pero contra esta contingencia les dio Buda remedio en el menosprecio de los bienes terrenos, la mortificación de los sentidos, el dominio de las pasiones y la contemplación espiritual o frecuente comunión con Atma. El hombre reencarna a causa de la concupiscencia y de la ilusión que nos mueve a tener por reales las cosas del mundo.

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De los sentidos proviene la alucinación que llamamos contacto, del contacto el deseo, del deseo la sensación también ilusoria , de la sensación la concupiscencia, la generación, y de la generación la enfermedad, la cecrepitud y la muerte. Por esto dice Buda: Quien anhele librarse de las molestias del nacimiento, mate el deseo para invalidar así la causa determinante o sea el apego a las cosas terrenas.

Al morir el arhat ya no vuelve a reencarnar y entra en el nirvana 18 o mundo de las causas, la suprema esfera asequible, en que se desvanece toda ilusión sensoria. La misma doctrina que enseñó Buda en India seis siglos antes de J. Gibbon demuestra lo muy penetrados que los fariseos judíos estaban de esta doctrina de la transmigración de las almas Las opiniones de Dupuis, Volney e Higgins sobre la significación secreta de los ciclos, kalpas y yugas de induístas y budistas no merecen tenerse en cuenta porque dichos autores carecían de la clave necesaria para desentrañarla.

Ninguna filosofía consideróa a Dios en abstracto, sino en sus diversas manifestaciones. Soma omnisciencia. Vida conjunto de seres vivientes. Vâyu aire; éter denso. Muerte soplo destructor. Agni fuego inmaterial. Aditi aspecto femenino del sol invisible. Entonces la Mónada inmanifestada, indivisible e indefinida, se retrae en el majestuoso y sereno apartamiento de su unidad y se manifiesta primero en la Duada y después en la Tríada, de que sin cesar emanan fuerzas espirituales que se individualizan en dioses almas para constituir seres humanos cuya conciencia ha de desenvolverse en una serie de nacimientos y muertes.

Un punto céntrico simboliza el punto primordial del espacio. Dejamos a la sagacidad de los arqueólogos la dilucidación de si esta pintura es copia o es el mismo original debido al pincel de Berosio, sacerdote del templo de Belo, en Babilonia; pero advertiremos que los seres figurados en ella son precisamente los mismos que Berosio describe por boca de Oannes, el hombre-pez caldeo, diciendo que son horribles criaturas engendradas por la luz astral y la materia grosera Hasta ahora los paleólogos desdeñaron el estudio de las ruinas arquitectónicas correspondientes a las razas primitivas y hasta hace muy poco tiempo no les llamaron la atención las cuevas de Ajunta que se abren en las montañas de Chandor, a doscientas millas de Bombay, y las ruinas de la ciudad de Aurungabad, cuyos derruídos palacios y curiosos sepulcros fueron durante muchos siglos guarida de fieras Estriba la reencarnación en la repetida existencia de una misma individualidad en sucesivas personalidades, en un mismo planeta.

Esta reiteración de la existencia terrena es forzosamente ineludible cuando por una modalidad cualquiera, la muerte violenta o prematura, queda la individualidad descarrilada del círculo de necesidad. Así tenemos que en los casos de aborto, mortalidad infantil, locura, imbecilidad e idiotismo, se entorpece la evolución del ser humano, cuya individualidad ha de revestirse de nueva personalidad para continuar la interrumpida obra, de conformidad con la ley de la evolución o sea con el plan divino.

También es necesaria la reencarnación mientras los tres aspectos de la mónada no alcancen la unidad, de suerte que se identifiquen definitivamente el alma y el espíritu al llegar al término de la evolución espiritual paralela a la física. Conviene tener presente que no hay en la naturaleza fuerza alguna espiritual ni material capaz de transportar a la mónada de un reino a otro no inmediatamente superior, y así resulta naturalmente imposible que después de trascender la mónada Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor www.

Ni la individualidad de un feto abortado que no respiró en este mundo ni el de un niño muerto antes del uso de razón ni el del idiota de nacimiento cuya anormalidad cerebral 27 le exime de toda culpa, pueden recibir premio o castigo en la otra vida. Estas entidades astrales son los vampiros magnéticos, no perceptibles por la vista, pero sí por sus efectos; los demonios subjetivos de las monjas, frailes, clarividentes y hechiceros medioevales 30 ; los demonios sanguinarios de Porfirio; y las larvas de los autores antiguos.

Obsesas por estas entidades penaron en el tormento y subieron al patíbulo débiles y desdichadas víctimas. Afirma Orígenes, que los malignos espíritus de cuya posesión habla el Nuevo Testamento eran espíritus humanos. Moisés conocía perfectamente la índole de estas entidades y las funestas consecuencias a que se exponían cuantos se prestaban a su maligna influencia, por lo que promulgó severas leyes contra los endemoniados.

Nombre potente que en pasados tiempos fue segura sentencia de muerte ignominiosa y en los nuestros es promesa cierta de sarcasmo y ridículo. Uno de estos intrépidos confesores de la verdad fue el erudito profesor de la Universidad de Cambridge, Enrique More, que floreció en siglo XVII y cuya ingeniosa manera de tratar este asunto demanda nuestra atención.

Enrique More juzgó esta obra muy endeble y no poco impertinente , como así lo declaraba en una carta dirigida a Glanvil 31 a la que acompañó un tratado de hechicería 32 con aclaraciones y comentarios explicativos de la palabra hechicero, de cuya etimología inglesa infiere More su equivalencia con la palabra sabio 33 , y añade que sin duda el uso dilataría su acepción a la clase de sabiduría que se aparta de los conocimientos comunes y tiene algo de extraordinario, pero sin significar con ello nada en oposión a la ley.

Por ahora diremos que después de definir cada uno de los nombres enumerados en el anterior pasaje con su verdadera significación en la época de Moisés, Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor www. Verdaderamente hubiera sido tiranía emplear tamaño rigor con los infelices prestidigitadores y así tenemos que la ley mosaica sólo condenaba a muerte a los brujos Esta interpretación es en extremo peregrina y denota la pobreza filológica de las entidades que la inspiraron Esto significa que no debemos consentir la influencia de los espíritus de obsesión, atrayéndolos a una atmósfera siniestra.

Estos espíritus obsesionantes procuran infundirse en los cuerpos de los mentecatos e idiotas, donde permanecen hasta que los desaloja una voluntad pura y potente. Los cabalistas antiguos opinaban que las larvas o elementales humanos tienen probabilidad de reencarnación en el caso de que, por un impulso de arrepentimiento bastante poderoso, se liberten de la pesadumbre de sus culpas con auxilio de alguna voluntad compasiva que le infunda sentimientos de contrición.

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