El Cronotrone 01: Escritores del tiempo

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Mi melodrama. Fue durante mi avance, analítico y lisérgico, para comenzar a comprender el todo que, de pronto, noté que me encontraba ya en la nada y en la nada vi el todo y el todo no era nada comparado con la nada, y avancé y me detuve y me moví sin caminar hasta que mis ojos vieron lo que no estaba en lo que estaba, y sin sentir comprendí que estaba sintiendo estar en donde no estaba y en donde estaba sentía que no sentía nada.

Así comencé siendo dentro de la nada y el todo, donde, justo al empezar desde todos los vectores que abarcan la nada, pese a que todos piensen que la nada no 19 presenta un inicio o un final a diferencia del todo, del cual un maestro ya expuso su totalidad en una simbolización hexagonal literaria, todo el inicio de la nada comienza en el medio del todo. Pero desvarío.

Pues al terminar de comenzar de ser lo que debía ser, concluí que ya había sido y por lo tanto era y sería lo que al principio ya dejaría de ser, porque inevitable al final dejé de ser lo que era para ser lo que fui en el ahora. Y entonces construí y destruí lo que debe ser hecho y no hecho y en lo hecho noté que lo creado se caía y en lo no hecho todo permanecía de píe en la nada.

Y de la nada broté, esta vez como un todo, y el todo me vio y yo lo vi y en la nada los dos existimos y dejamos de ser algo para ser nada en la nada. Y vivimos en la nada apretados, estrujados, contraídos, exprimidos, contenidos, porque la nada solamente ocupa mucho espacio. FIN 20 publica con nosotros www. Antes de tu llegada, el zacate dorado estaba tirado sobre las tierras secas.

Ay, María, cómo te extrañaba. Lo sé, ni nos conocíamos, pero se preparaba, se barbechaba el ambiente para el siguiente ciclo de fertilidad, de nueva vida, de tu misteriosa llegada. Pensaba en hacer rituales para tu venida. Pero ya lo hacían los hombres del campo. La braban la tierra para esparcir después sus semillas.

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La s plegarias de sus cantos se elevaban como haciendo uno con el viento. Entonces ascendían, eran escuchadas, procesadas y sólo esperaban para ser regresadas en el momento preciso, en el instante necesario y en las condiciones adecuadas para su acción. La Tierra entendía de este sacrificio por sus hijos. Un poco de deformación para después llenarlos de sus frutos para su sustento.

Por las noches, me sentaba fuera de la casa, contemplando el campo, el trabajo del día.

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La s lucecitas del cielo y de la tierra, hablaban de ti. En marzo, sus vientos salvajes, no domesticados, me murmuraban tu venida. Existía una armonía entre la iluminación nocturna del suelo y aquella proveniente de lejanos mundos. Una de esas noches, solicité tu compañía al cielo. Aun así, de cualquier forma llegarías, conmigo o sin mí. El presagio de tu llegada fueron las luciérnagas, con las primeras lluvias.

Por donde miraba, florecían todos los colores de esperanza, que se esparcían por doquier. Estaba por impacientarme. Sin embargo, recordé de mis labores del campo y de los mismos tiempos que se toman las mujeres para llegar, como la mismísima Tierra que se prepara para seducir con sólo mirarla.

Uno y Medio

Me sentí perturbado. Y dudé conocerte. Pero al amanecer de aquella noche tempestuosa, olí tu presencia, a minerales remojados del suelo que se evaporan, algo así como la frescura de la Tierra. Miraba hacia abajo, mejor dicho, al charquito del rocío que crecía ante mí. De repente, allí estabas en el reflejo del agua. Ay María, como ansiaba conocerte. Entonces supe que te quedarías y me arrebaté empezar a amarte. Así pasaron los meses y sabíamos de nosotros. Con junio, y la fiesta del pueblo, te invité a la feria.

Nos cruzamos en el camino y no nos vimos. Un aguacero se dejó caer. Sólo llegaste al sauce llorón para cubrirte. Te faltaba poco, mi amor, para protegerte. Te atravesó un rayo.

Reseña: El Cronotrone, Jean Carlo Laines: Las Puertas de La Literatura

Algo de mí se quebró. Y la idea de la cordura se desvaneció con mi llanto, que no encontró consuelo ni pronto ni lejos. Entonces decidí darte en ofrenda a la Tierra. Donde te conocí, bajo el sauce llorón, coloqué tu cuerpo de pie, con la cabeza hacia afuera.

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Cuidé el agua del charco. Le coloqué sal para que cristalizara tu bella cara. Cuando desapareció la carne, quedó tu reflejo en aquel tipo de salmuera improvisada. Dorado es tu recuerdo, que poco a poco se desvanece. Mis ojos empiezan a voltear hacia una muchacha que me ha acompañado. Ella se muestra triste, porque vengo al charco. No me dice nada. Pero cuando hablamos, sus ojos sacan chispitas y me sonríe a cada rato. Desde la ventana se ve la torre de la iglesia. Pinos altos a los lados, verde oscuro, serios y ancianos. Quiere mover la cabeza, pero no puede. O no quiere.


  • San Luis: Un rey cristiano en la raíz de la justicia moderna (Historia).
  • El Cronotrone 01: Escritores del tiempo.
  • Publisher Description.
  • Relatos romnticos.
  • Tres cuentos y una leyenda de Aragón;
  • SALUDOS A MARX DE PARTE DE JESUCRISTO;

Parpadea fuerte y siente los ojos como lijas. Levantarse cuesta, pero lo logra. Sabe que hace un frío insoportable, pero no lo siente.

De todas maneras se abriga, se pone varias capas, pero tampoco siente calor. Se rasca con el interior de las mangas del chaleco. No sirve de nada. Solo le enrojece la piel. Toma café, come huevos con cuchara. Se saludan con un gesto. Se va a servir café, pero no quiere. No hay hambre.

Solo manos que pican y ojos que raspan. De todas maneras se sienta en la mesa, es ritual. El compañero lo mira y le dice que se ve mal. Él le dice que parece que se resfrió, o que tomó mucho. El compañero le recuerda que el día anterior no salió, que estuvo toda la noche acostado. Trata de acordarse de los sucesos y es cierto, no salió, por eso no recuerda haber llegado. Debiese sentirse confundido, pero no lo hace.

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