La hija de Carlos V (Teatro nº 201)

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Punto por punto cuenta Agatarcides Samio el mismo suceso, de un Ateniense llamado Agesilao, que queriendo matar a Jerjes, mató por equivocación uno de su comitiva. Puso después la mano en el fuego, y dijo a Jerjes lo propio que Mucio a Porsena. La Batalla de los tres hermanos Horacios con los tres hermanos Curiacios, en que muertos dos de aquellos, el que quedó vivo con un agudo estratagema mató a los tres Curiacios; y después volviendo vencedor a una hermana suya porque lloraba la muerte de uno de los Curiacios desposado con ella; se halla en todas sus partes apropiada por Demarato a tres hermanos de Tegea, y tres de Fenea, Pueblos de la Arcadia.

Otros muchos sucesos bastantemente semejantes, que recíprocamente se apropian los Historiadores Griegos, y Romanos, trae Plutarco en el citado libro de Paralelo; pero los omito, porque no son tan unas las circunstancias, que su repetición no pueda atribuirse a casualidad. Mas la perfecta uniformidad de los que he referido, enteramente persuade que se copiaron unos de otros.

Al Abad Sallier en una Disertación que se halla impresa en el tomo 6 de la Historia de la Academia Real de Inscripciones, y bellas Letras, pretende que en este encuentro de sucesos uniformes, los que fingieron no fueron los Romanos, sino los Griegos; esto es, copiaron éstos a aquellos, no aquellos a éstos. Como la grande autoridad de Plutarco probabiliza mucho lo contrario, quiere que no sea este Autor de los Paralelos, sino otro Escritor poco digno de fe; y que el designio del Autor, quien quiera que fuese, fue mostrar que la Grecia no había sido en copia de grandes hombres inferior a Roma.

Para nuestro intento, que es mostrar la incertidumbre de la Historia, poco hace el caso que la incertidumbre de aquellos famosos hechos quede a cuenta de los Historiadores Griegos, o Romanos.


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Mas la realidad es, que queda a cuenta de unos y otros; siendo cierto que nadie en esta cuestión puede pasar de débiles conjeturas. Apolodoro, Autor de la Biblioteca, [] de los Dioses refiere esta inhumanidad, dejando aparte los Poetas que cuando se trata de buscar la verdad, no tienen voto. Esto fue confundir en una dos diferentes Artemisas, Reinas ambas de Caria, que distinguen los antiguos Escritores. Sin embargo puede hacer dudar de que le haya merecido la Historia de Filisto, que le elogia y defiende, sabiéndose que la escribió estando desterrado de Siracusa su Patria por el mismo Dionisio; si no es que se discurra, como discurrieron Pausanias, y Plutarco, que fue a lisonjearle porque le alzase el destierro.

Lo propio sucedió a Tucídides, respecto de Pericles: y nadie deja de tener por recomendación sincera de las virtudes de este gran Caudillo la que hizo aquel Historiador [] desterrado de Atenas, y perseguido por el mismo Pericles. Así lo refieren Plinio, y Eliano; pero esta relación es incompatible, ó por lo menos inverosímil, cotejada con lo que dice Plutarco, que la primera mujer con quien dejó de ser continente Alejandro, fue la hermosa viuda de Memnón, llamada Barsene; porque bien miradas las cosas, se halla data anterior al suceso de Apeles con Campaspe, respecto del de Alejandro con Barsene.

Pero la verdad es, que no hubo fuerza propiamente tal. Cuando vio Sexto, que no hacían fuerza ruegos ni promesas, pasó a las amenazas. Díjola, que la daría allí la muerte, si no condescendía a su apetito.

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No bastó esto para vencer la constancia de Lucrecia. Dícese que Arquímedes hizo aquel estrago vibrando a las Naves los rayos del Sol, unidos en el foco de un espejo Ustorio. Juzgo que esta narración, aunque tan vulgarizada en los Autores, es fabulosa. El primer Autor en quien se halla esta noticia es Galeno, quien sobre no ser Historiador de profesión, y hacer escrito cuatrocientos años después del sitio de Siracusa, no la da asertivamente, sino debajo de un dícese, ajunt.

Esto es en cuanto al hecho. Por lo cual otros recurrieron a muchos espejos planos trabados y compuestos en forma cóncava, ó parabólica. Lo cual siendo así, no era menester espejo Ustorio de imposible magnitud para quemarlas. Esta narración tiene también contra sí el [] silencio de los Autores anteriores a Zonaras, que escribieron de la guerra que hubo entre Anastasio, y Vitaliano.

Zonaras que floreció en el duodécimo, es el primero que da esta noticia, y no con aseveración, sino debajo del dícese, fertur. Añado, que el Conde Marcelino refiere que Vitaliano se retiró del sitio de Constantinopla, no por haberle destruido su Armada como dice Zonaras, sino porque el Emperador Anastasio solicitó y obtuvo de él el levantamiento del cerco, mediante una gran suma de oro y otros magníficos presentes que le envió. Tiene también por fabuloso que Carlo Magno instituyese los Pares de Francia. El silencio de San Gregorio Turonense, que escribió de milagros con tanta amplitud, y en quien notan muchos algo de nimia credulidad, parece a algunos prueba eficaz de que no hubo tan prodigio.

Trevoux año Que el Santo Pontífice ordenó el remedio de la Oración para aquel mal, y que de aquí quedó el uso de la imprecación de salud siempre que alguno estornuda. Esta tradición aunque comunísimamente recibida, evidentemente es fabulosa. Petronio, lib.

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Pliniom, lib. Nec vocat ille Jovem sternutans, quippe nec audit. Sternutamentum, tam procùl aure sonat. Son innumerables y enormísimas las maldades que la atribuyen: una lascivia desenfrenada que la acompañó toda la vida hasta la edad sexagenaria: una ambición furiosa a quien sacrificó siempre todos los respetos divinos y humanos: una crueldad desaforada que hizo víctimas, ya de su odio, ya de su ambición, ya por medio del veneno, ya por el cuchillo a innumerables inocentes, entre ellos algunas Personas Reales.

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Este es el gran Gregorio, el cual en dos Cartas escritas a aquella Reina, la colma de elogios, hasta llegar en una de ellas a felicitar a la Nación Francesa sobre la dicha de ser gobernada por una Reina ilustre en todo género de virtudes: Prae aliis gentibus gentem Francorum asserimus felicem, quae sic bonis omnibus praeditam meruit habere Reginam lib. Mecque , dice que los ascendientes de aquel falso Profeta desde su cuarto abuelo llamado Cosa , poseyeron el gobierno de la Ciudad de Meca, y la custodia de un Templo de Idólatras que había en ella; el cual no era menos venerado entre los Arabes que el de Delfos entre los Griegos.

Lo mismo del delito nefando imputado a Calvino, si acaso no es verdadero lo que yo no sé , y de otras algunas cosas de este género.


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Estoy bien con que no se disimule cuanto puede infamar por la parte de las costumbres a los fundadores de las falsas Religiones, como se justifique bien; de que hay no pocos materiales contra algunos, especialmente contra Lutero. Mas cuando no hay cosa segura en la materia, no mezclemos lo cierto con lo incierto, y mucho menos con lo falso. Pero demos vencidas todas estas dificultades. Por el mismo capítulo debemos dar por fabuloso lo que algunos Autores refieren de la imagen del Sol hecha de hierro, y suspendida entre imanes en el Templo de Serapis en Alejandría.

Eginardo, pues, que como Ministro de la mayor confianza de Carlos no podía apartar de sí los intereses de su dueño, tiene sobre sí para este efecto la sospecha de apasionado. Esto no pudo ser, porque la elección de este Papa, ó fue posterior algunos días, ó con la diferencia de muy pocos incidió en el mismo tiempo que la Coronación de Pipino. Por lo cual otros buscan para justificar aquella Coronación, y no violar la Cronología, la autoridad del Papa Zacarías, que había sido antes.

Lo que Eginardo dice de la inacción y abatimiento en que vivían los Reyes Merovingios, es totalmente increíble. Cuéntase, que a aquel gran Caudillo después de coronado de tantos laureles, el Emperador Justiniano habiéndole hallado cómplice en una conspiración, le hizo quitar los ojos y redujo a tan extraña miseria que pasó el resto de su miserable vida [] a favor de la mendicidad, pidiendo limosna por las calles y puertas de los Templos.

Esta narración se halla contradicha por Cedreno, y otros Autores graves. De hecho, antes de la segunda expedición a Italia estuvo Belisario caído de la gracia del Emperador por influjo de la Emperatriz Teodora. Entonces pudo estar preso algunos días. Y Procopio, que refiere esta menor desgracia de Belisario, no callaría la mayor, siendo verdaderas. Hiciéronla varias preguntas, y a todas satisfizo excelentemente.

Dio noticia de algunas cosas que se juzgó no podía saber sino por revelación. En fin, sobre el fundamento de estas pruebas fiaron a su conducta el socorro de Orleans, en que los Franceses, animados por ella, hicieron levantar el sitio a los Ingleses, y con el mismo influjo y asistencia lograron sobre ellos otras ventajas.

Condujo, rompiendo algunos estorbos, el Rey a Rems, donde se ejecutó la ceremonia de la consagración. Pero habiendo sido en fin cogida por los Ingleses, la llevaron a Ruan, donde la acusaron inicuamente de hechicera; y hecho el proceso en la forma ordinaria, la condenaron al fuego. Este es el señor Du-Haillan, quien afirma que cuanto se admiró en Juana del Arco fue efecto del artificio político, sin intervención alguna ni de inspiración divina ni de pacto diabólico. Añade, que no faltaban quienes decían que la que se llamaba doncella, no lo era, sino concubina de uno de los tres señores.

Fuéselo ó no lo fuese, supongo que echaron mano antes de esta mujer que de otra, por haber conocido en ella la capacidad, despejo, y corazón proporcionados para un negocio de este tamaño. Con este desengaño se la quita a la famosa Juana del Arco la cualidad de mujer milagrosa, pero sin degradarla de Heroína. Después, sabiéndose que aquellas voces en la Lengua Abisina tienen [] significación diferente de la que les daban, y valen lo mismo que Rey precioso ó Rey mío ; y haciéndose juntamente reflexión de que los que antes habían dado noticia del Preste Juan, no le ponían en la Africa, sino en la Asia, se desvaneció en los hombres de alguna lectura este error: quedando no obstante en pie la duda de en qué parte de la Asia reina este Príncipe Cristiano, y por qué le llaman Preste Juan; sobre que hay tantas opiniones, que no se pueden enumerar sin tedio.

Otros, que el Emperador del Mogol se le dio el nombre de Preste Juan por equivocación, con el motivo de que algunos de aquellos Monarcas tomaron el título de Schach Geham , que significa Rey del Mundo. No obstante esto, algunos transfieren la dicha de este descubrimiento a un Piloto Español que andaba traficando en las Costas de Aafrica, y arrebatado de una violenta tempestad dio son su Navío en la América.

Dicen [] que este de vuelta aportó a la Isla de la Madera donde a la sazón se hallaba Colón, quien generosa y caritativamente le acogió en su casa. Refirióle el Piloto a Colón toda su aventura; y muriendo poco después, le dejó todas sus Memorias y observaciones; sobre cuyo fundamento se animó después Colón a aquella grande empresa. Al Piloto Español le dan unos un nombre; y otros otro.

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Pero no quedó esta cuestión precisamente entre el Piloto Italiano, y el Español. Otro de Alemania entró después en tercería. En cuanto a que Martín Bohemo pasase hasta la América y penetrase el Estrecho de Magallanes, lo juzgó muy incierto. Ni yo emprendo, ni juzgo que nadie pueda probablemente emprender su justificación, respecto de todos los crímenes que se le atribuyen. Es cierto, que fue Alejandro muy aborrecido de los Romanos; parte por culpa suya, y parte por las de su hijo el desaforado César Borja.

Este cruel atentado, y su funesta resulta, creo se pueden cuestionar con bastante probabilidad.

Algunos de los que afirman el hecho, dudan si tuvo alguna parte en él el Papa, ó si toda la culpa fue de César Borja. Los Diarios se escriben originalmente en el mismo lugar, y al mismo tiempo que acaecen los sucesos. Juan Francisco Pico, en la vida que escribió de cierto Religioso amigo suyo, refiere dos opiniones que hubo en orden a la muerte de Alejandro. Una es la ya dicha del veneno.

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La otra es, que el demonio le ahogó; añadiendo que había hecho pacto con él de entregarle el alma, como le hiciese Papa. Y nótese también, que estas dos opiniones se destruyen una a otra en cuanto a la certeza: quiero decir, si era opinable que el diablo le había ahogado, no era cierto que le había quitado la vida el veneno.

Fueron estos dos Personajes Autores de grandes males.

Catalina Micaela de Austria, la otra hija de Felipe II de España.

Tan notoria es la deshonestidad de Ana Bolena, como la incontinencia de Enrico. Este, arrastrado de una torpe pasión por aquella, repudió inicuamente a la virtuosa Reina Catalina; y aquella, no sólo fue cómplice en el injusto divorcio; pero después también convencida de adulterio. Pero Nicolao Sandero, queriendo por un indiscreto celo colocar la torpeza de los dos en lo sumo, confundió lo cierto con lo increíble; a que se siguió, que mucho vulgo del Catolicismo creyese lo increíble como cierto.

Dice Sandero, que el amor de Enrico a Ana Bolena no solo fue ilícito, sino enormísimamente incestuoso, porque mucho antes había tenido trato torpe no sólo con su madre, mas también con una hermana suya llamada María. Nada hay en toda esta narración que no sea, ó muy difícil ó absolutamente quimérico. Tampoco es creíble que sabiendo después Enrico que Ana le había engañado en vendérsele por doncella, cuando ya había desahogado los primeros ímpetus del apetito, no la aborreciese y apartase de sí por lo menos: Enrico, digo, tan delicado en esta materia que repudió a su cuarta esposa Ana de Cleves, solo porque supo que antes de casarse con él había sido prometida a otro en matrimonio.

La vuelta de Ana Bolena a Londres la colocan entre los años de , y De esta cuenta resultan dos contradicciones manifiestas a la narración de arriba. La primera, que no pudo Ana Bolena cometer en la edad de quince años, y antes de ir a Francia, las torpezas que la atribuye Sandero con los Oficiales de la casa de su padre; pues de ocho años salió para Francia, y no volvió a Inglaterra hasta los diez y ocho o veinte de edad. Apenas Valido alguno, desde Seyano hasta nuestro tiempo, fue tan universalmente detestado, ni con tantos motivos si se atiende al proceso que se le hizo, como el Mariscal de Ancre, llamado Concino Concini, Florentin, que pasó a Francia con la Reina María de Médicis, y con su favor durante la Regencia, ascendió a los primeros cargos de aquella Corona, llegando a ser absoluto dueño de toda la Monarquía.

Su insolencia, su ambición, su crueldad, su avaricia fueron causa de que luego que entró Luis Terciodécimo en el gobierno, se tratase de quitarle la vida: y no atreviéndose a ejecutarlo con forma judicial y regular, por el grande poder y muchas criaturas que tenía; a uno de los Capitanes de las Guardias, Vitri, se dio comisión para matarle como mejor pudiese, lo que fue ejecutado a pistoletazos sobre el puente del Louvre, cogiéndole desprevenido. El furor del Pueblo mostró bien el implacable y rabioso odio que profesaba al difunto Valido.

Dicen, que las orejas fueron vendidas a bien alto precio. Después de muerto le hicieron la causa que no se atrevieron a hacerle cuando vivo: sobre que atendidas las disposiciones e instrumentos que se presentaron, le declararon no solo reo de lesa Majestad, mas también de profesión Judaísmo, y de pacto con el demonio. Poco después a su mujer Leonor de Galligai cortaron la cabeza, y quemaron por los mismos crímenes.

Este, en las Memorias que escribió de la Regencia de María de Médicis, atribuye a mera infelicidad la tragedia del Mariscal de Ancrel; celebra sus buenas prendas; dice que era naturalmente inclinado a hacer bien; que por esto había muy pocos que le quisiesen mal; que era dulce en la conversación; y si bien confiesa que tenía designios altos y ambiciosos; pero añade que los ocultaba profundamente: En fin, que se le oyó decir muchas veces al Rey, que le habían muerto sin orden ni noticia suya.

Verdaderamente pasman estas contradicciones en la Historia. El Mariscal de Etré es testigo superior a toda excepción.


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Conoció al de Ancre. En estos encuentros toma la crítica el arbitrio de cortar por medio.

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