UMA: Juan Carlos Trujillo M.

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Y vivíamos cerca una de la otra. Si yo cocinaba, le daba comida. Y mis hijos realmente la querían. Para una familia humilde y civil como la de doña María, la ideología antihaitiana de élite y la concepción de una nación monoétnica no tenían ninguna base social o económica. Las formas de vida y la complejidad cultural de la frontera dominicana contrastaban con un ideal urbano y de élite de una nación dominicana que excluía y denigraba a todo lo que fuese haitiano. La oposición racista de la élite dominicana a las condiciones biculturales de la frontera dominicana encajaba perfectamente con intereses estatales similares y de mucho tiempo por lograr un mayor control político sobre esa región.

Desde fines del siglo XIX, líderes dominicanos habían estado luchando por consolidar formas modernas de autoridad política y regulación económica en esa región donde los dominicanos y los haitianos convivían en un mundo separado, en gran medida, del resto de la nación.

Durante décadas, el Gobierno había intentado cobrar impuestos aduaneros y eliminar el contrabando a lo largo de la línea fronteriza para obtener ingresos, proteger a los comerciantes dominicanos y a las industrias nacientes y así lograr la autonomía económica y el control político nacional [35].

Los caudillos de la región, que mantenían un alto nivel de autonomía local, también obtenían sus fortunas y poder del comercio ilícito a través de la frontera [36]. Así, el establecimiento y el control de una frontera delimitada había sido siempre una cuestión de preocupación oficial. También lo había sido la construcción de mercados en el lado dominicano de la frontera, en un esfuerzo por reorientar la población fronteriza lejos de Haití [37]. Y desde la década del 20, el Gobierno trató de implementar leyes que imponían la obligatoriedad de documentos oficiales tarjetas de identidad, pasaportes, visas o certificados de buena conducta para que las personas pudieran pasar a través del puerto legal de entrada en Dajabón [38].

Tan irónico como parece, el Estado dominicano proponía que la inmigración europea consolidara los reclamos territoriales dominicanos y la identidad nacional en la frontera. El establecimiento real de las colonias agrícolas, sin embargo, no se adecuó a la visión cultural y racial de aquellos que las propusieron.

Creación de un recurso para máximos y mínimos con derivadas

Pero también sugiere una construcción alternativa de la nación dominicana que coexistía con los ideales oficiales y era acogida incluso por algunas autoridades locales. Trujillo ingresó a la Guardia Nacional Dominicana en , poco después de que esta fuera formada durante la ocupación estadounidense A través de políticas agrarias populistas, este proyecto reformista de modernidad prometía forjar una base social campesina para el régimen, fomentar la autosuficiencia agrícola que era crítica en el contexto de la depresión económica global de la década del 30 , e incrementar los ingresos fiscales.

También le permitió a Trujillo extender, como nunca antes, el alcance y la visión del Estado. A través de la reforma agraria, el Estado nacional bajo el mando de Trujillo domesticaría, de manera constante, a un campesinado que había logrado eludir, durante siglos, el control estatal, los impuestos y el monitoreo. Y enlistaría la participación del campesinado en los proyectos políticos, culturales y económicos del Estado nacional, sus obligaciones civiles y rituales de mando. Así, el proyecto reformista de modernización impuesto por Trujillo abrió el campo al poder y la autoridad del Estado como nunca antes había logrado ninguno de los gobiernos que lo habían intentado [49].

Desde el punto de vista de Trujillo, estaba claro que había que incrementar allí la presencia del Estado, una preocupación que crecía por las constantes disputas con el Gobierno haitiano por determinar la línea fronteriza a principios de la década del 30 [50]. Desde una perspectiva militar, la frontera con Haití era ciertamente el talón de Aquiles del régimen.

El interés estatal por muchos años de vigilar esta frontera y controlar la región se intensificaba también con la determinación de Trujillo de controlar la economía nacional, imponer nuevos impuestos y tarifas en el comercio exterior y promover la industria local bajo programas de sustitución de importaciones a través de tarifas altas [52]. Esto puede verse en las primeras políticas del régimen sobre las colonias fronterizas.

En general, la colonización de la frontera solo tuvo un papel marginal en el régimen de Trujillo desde hasta En ese período, el Estado no creó ninguna colonia nueva en la región y solo expandió significativamente una de las ya existentes. No obstante, incluso durante el periodo previo a la masacre, bajo el mando de Trujillo, el programa de colonización sirvió, y dio voz, al nacionalismo antihaitiano que lo había forjado originalmente [54].

La homogeneidad cultural se convirtió en una preocupación crítica para el Estado de Trujillo, donde se la veía como instrumental para marcar el espacio político y consolidar la autoridad política [56].

Juan Camilo Buitrago Trujillo | Escavador

En , el administrador de la colonia Restauración, ubicada en el norte de la frontera, decidió desalojar a Pierre Damus, un campesino relativamente acomodado, nacido en Haití, tras una disputa por un ganado perteneciente a otro campesino que había dañado el cultivo de Damus. Damus le escribió una carta a Trujillo en la que protestaba por esta acción arbitraria.

El encargado de la Colonización, Francisco Read, respondió a esa queja con una recomendación de que a Damus se le otorgara un año para cosechar su cultivo antes de ser forzado a abandonar la colonia. Así, las primeras políticas del Estado de Trujillo sobre la frontera permitían cierta interpretación y criterio local. En efecto, cabe la posibilidad de que esa ambigüedad fuese intencional, teniendo en cuenta los intereses e ideologías en disputa dentro del Estado que Trujillo no estaba listo para resolver.

Con la incorporación de los estadistas de élite y de los principales intelectuales de la nación a su régimen, Trujillo adquirió un grupo excepcional de pensadores antihaitianos, entre los que se destacaban Joaquín Balaguer, Julio Ortega Frier y, posteriormente, Manuel Arturo Peña Battle, quienes desempeñarían importantes funciones en el Gobierno. Estos hombres eran parte de una pequeña élite dominicana de esa época: identificados con la raza blanca, habían cursado estudios universitarios en el exterior y, con la excepción de Balaguer, eran todos miembros de la clase alta urbana de Santiago y Santo Domingo.

El Gobierno cambió docenas de nombres haitianos y franceses de pueblos, ríos e incluso arroyos fronterizos por nombres en español [64]. El régimen de Trujillo también promovió el reforzamiento de la entonces débil Iglesia Católica en la frontera. En , el Arzobispo de Santo Domingo formó parte de un acuerdo con el Ministro de Interior para el envío de una misión religiosa a la región fronteriza.

Gran parte de los niños que asistían a estas nuevas escuelas eran de etnia haitiana.


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  3. Dunai the gnome of dunes: Dunai el gnomo de las dunas.

Los propios haitianos recuerdan teatralizando su nacionalidad dominicana y su lealtad a Trujillo durante los años previos a la masacre en la frontera dominicana. Ercilia Guerrier, una anciana haitiana que había vivido en el pueblo fronterizo de Restauración antes de la masacre, recordó cómo, cuando era niña, ella y sus compañeros de la primaria dramatizaban para Trujillo:.

El presidente Trujillo llegó a la escuela a ver a los niños. Yo me subí a una mesa. Es indudable que ella recordaba ese tributo debido a su amarga ironía. Antes de la masacre, Trujillo se presentaba ante los de etnia haitiana no como un tirano antihaitiano eliminacionista, sino como un gobernante que ofrecía protección y ayuda estatal específicamente, libre acceso a la tierra a aquellos que le ofrecieran lealtad política, producción agrícola e impuestos al régimen.

Él dijo que todas las personas son iguales. No hay diferencias entre nosotros… Él le dijo a todo el mundo… que los dominicanos y los haitianos tienen la misma sangre… Y nos trajo veinte o treinta camiones de herramientas, machetes, picos y rastrillos. Esa resolución llevó a que se intensificaran los infinitos pronunciamientos en la prensa dominicana, controlada por Trujillo, que comenzaron en y continuaron hasta la masacre, con respecto a la cercanía y la calidez de las relaciones políticas y culturales haitiano-dominicanas.

Solo seis meses antes de la masacre, los editores del periódico La Opinión proclamaron:. Al mismo tiempo que celebramos el Día Panamericano, celebramos hoy el Día de la Confraternidad Domínico-haitiana, instituido en los dos países de la isla por los Presidentes Trujillo y Vincent, con el fin de conmemorar todos los años el aniversario del Cange de Ratificaciones del memorable Acuerdo que puso fin el año pasado, de un modo definitivo, el diferendo de fronteras entre Haití y Santo Domingo… Gracias al patriotismo bien entendido y a la visión política e histórica de los dos ilustres caudillos de la isla, los dos países que hasta ayer fueron rivales, se han convertido en hermanos.


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Tal realización merece ser recordada a través de los años por las relaciones agradecidas. En los años previos a la masacre, Trujillo también intentó ganar seguidores entre los haitianos. Redes transnacionales populares se combinaron con una débil infraestructura nacional en ambos lados de la frontera para impedir el esfuerzo estatal de perseguir grupos rebeldes y exiliados, así como ladrones y contrabandistas de ganado [78]. El esfuerzo estatal por controlar y cobrar impuestos por el comercio con Haití fue resistido firmemente por los exportadores dominicanos de ganado y productos agrícolas, así como por los residentes fronterizos en general, quienes dependían de Haití para adquirir productos baratos, como ropa.

Para los habitantes fronterizos, el esfuerzo estatal por fortalecer la frontera era contrario a sus intereses y carecía tanto de sentido como de legitimidad [79]. El mundo fronterizo, en donde el control del límite nacional era un anatema y la nación monoétnica era inconcebible, colapsó con el inicio de la masacre haitiana.

Esta masacre fue precedida por una extensa gira de Trujillo por toda la región fronteriza, que comenzó en agosto de El Cibao era el centro de la oposición de la élite con Trujillo en esos años. Como ya lo había hecho en viajes anteriores a esa región, Trujillo saludó a los habitantes y distribuyó alimentos y dinero; asistió a bailes y fiestas en su honor e hizo esfuerzos concertados para asegurarse la lealtad política en muchos lugares que hasta entonces habían sido considerados indomables [81].

Sin embargo, el resultado de esa gira fue totalmente inesperado. He visto, investigado, e inquirido sobre las necesidades de la población. Y ya hemos comenzado a remediar la situación. Esa fue la primera de una serie de justificaciones inconstantes que tergiversaron la masacre y la presentaban como una consecuencia de los conflictos locales entre haitianos y dominicanos en la frontera.

Algunos haitianos oyeron las palabras de Trujillo y decidieron huir. Otros ya se habían marchado apenas se enteraron de los primeros asesinatos, que ocurrieron a fines de septiembre [83].

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Algunos recordaron los rumores de que algo ominoso se estaba tramando. Sin embargo, la mayoría se negaba a creer los absurdos, aunque terribles, rumores que escuchaba ya que tenía mucho que perder como para abandonar su casa, su cultivo y su comunidad. Pero el 5 de octubre de , se confirmaron los rumores cuando un funcionario norteamericano despachó un sombrío reporte desde Dajabón.

No habían sido deportados por la fuerza, sino que escapaban de bandas de soldados dominicanos que estaban matando gente de etnia haitiana. Ya habían muerto alrededor de quinientas personas sólo en Dajabón [84]. Y durante los primeros días de la masacre, a los haitianos que llegaban a la frontera se les permitía cruzar a Haití por el puente donde estaba el puesto de control oficial.

Pero la frontera se cerró el 5 de octubre. Muchos haitianos eran capturados mientras trataban de escapar.

การอ้างอิงต่อปี

En entrevistas a refugiados en Dosmond —una colonia cerca de Ouanaminthe, Haití, establecida para aquellos que lograron escapar a la masacre—, una mujer recordó vívidamente los detalles del malogrado escape de sus familiares nacidos en suelo dominicano. A las cuatro de la mañana… empezamos a marchar hacia Haití. Ella me dijo que guardara silencio.


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  • Cuando vio que… la gente comenzaba a correr, comenzó a matar a todos y luego los echaba en un hoyo. Mató a todo el mundo. Ellos creyeron que yo estaba muerta porque me habían dado varios machetazos. Yo estaba empapada en sangre —toda la sangre de mi corazón—. Inclusive, en algunos casos, hasta se procesaron documentos de deportación [87]. Una vez en el bosque, mataban a la mayoría. En otros casos, los soldados convocaban a los haitianos a reuniones locales para decirles que no creyeran los rumores de las deportaciones.

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